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02 2007
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Gestos de resistencia cotidiana

la significación del juego y del deseo en las prácticas Umsonst de apropiación colectiva

Traducción de Marcelo Expósito, revisada por Joaquín Barriendos

Anja Kanngieser

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practices of transmuting signs

Durante los últimos años se ha venido prestando cada vez mayor atención –principalmente por parte de redes de activistas afines a los movimientos europeos y latinoamericanos autónomos en torno a la precariedad– a una cierta política de apropiación colectiva y visible. Esta política está marcada por la subversión de la lógica del intercambio de signo capitalista en favor de un concepto de apropiación basado en el deseo, la cual no se somete a restricciones económicas. Tales gestos tienen en común una actitud altamente libertaria, una negación exuberante y juguetona de la alienación y la exclusión provocadas por las dinámicas consumistas, así como una clara orientación social que intenta ir más allá de los paradigmas de las estructuras políticas tradicionales tanto en la teoría como en la práctica.

Una de las trayectorias de este tipo de políticas sociales se ha manifestado en las campañas Umsonst acontecidas en Alemania principalmente entre 2003 y 2006. Dichas campañas consistieron predominantemente en agregaciones de activistas de diversos tipos y gente ordinaria que se implicaban en acciones ilegales (asalto a la propiedad privada y robo) en el ámbito social. Iniciada por miembros del movimiento de izquierda radical Fels (Für eine linke Strömung [Por una corriente de izquierda]), la facción berlinesa fue la primera en surgir como una campaña molecular para la creación de "una cultura de la resistencia cotidiana" en respuesta al discurso del racionalismo económico, la privatización y las directivas para "apretarse el cinturón" lanzadas por el gobierno de Berlín[1]. Bajo la pregunta "¿se nos han de negar los 'lujos' tan sólo porque no tenemos los recursos económicos que se necesitan para tomar parte en ellos?" cada acción propuesta por quienes participaban en la campaña se formulaba como una respuesta a la retórica neoliberal rampante sobre la escasez. El muy popular eslogan de la campaña, "Alles für alle, un zwar Umsonst!" [Todo para todos, ¡y también gratis!] se infiltró en las redes activistas y el formato Umsonst proliferó en otras ciudades alemanas como Hamburgo, Dresden y Colonia. Esta circulación de la agenda Umsonst en el interior del país coadyuvó a discutir abiertamente en el movimiento de izquierda radical sobre la protesta social y la apropiación como acción política, con reacciones más o menos críticas. A diferencia de la mayoría de los actuales movimientos alternativos en Alemania, las campañas Umsonst seguían una metodología dirigida a la sociedad con la intención de descubrir imbricaciones entre el resentimiento general contra la regulaciones impuestas por el Estado y los actos micropolíticos generalmente individuales y encubiertos basados en un sentimiento anticapitalista, tales como: la entrada ilegal en almacenes o edificios públicos, la evasión de impuestos, colarse en el cine, el robo hormiga, etc. De acuerdo con sus iniciadores, Umsonst politizaba estas tácticas individuales, mediante su presencia visible y colectiva, en el intento de asentar prácticas cotidianas de resistencia.

Este formato de apropiación colaborativa no era exclusivo de estas campañas dado que, según apuntó un activista entrevistado en 2005, venía existiendo una tradición de este tipo de resistencia autónoma en Alemania desde los años ochenta...

"... y en Italia en los setenta, cuando la gente se aplicaba colectivamente la autorreducción de sus alquileres o negociaba precios más bajos en el supermercado. Lo que hemos hecho es recuperar [esta tradición] y reinventarla en el contexto del Berlín actual"[2].

En estas luchas "por la reapropiación de la riqueza social producida por la clase trabajadora y que el capital no retribuye" las tácticas colectivas mencionadas se diseñaban para redefinir los emplazamientos estratégicos del poder superando su condición de representación despersonalizada de una democracia impotente y devolviéndolos a la multitud[3]. Las campañas Umsonst se inspiraron en estos modelos históricos de desafección colectiva reconfigurando algunas de sus técnicas y alejándose enfáticamente del formato de organización partidario. Esto implicaba la creación de un movimiento político más descentralizado, flexible y difuso; el núcleo central instigador dejó claro que la red Umsonst no operaba como una unidad hermética sino que se agregaba –primordialmente sobre la base de ciertas campañas abiertas a la participación de cualquiera– a ser discutidas y reapropiadas. De esta manera, las acciones que se realizaban buscaban mecanismos integradores (talleres, grupos de investigación, discusiones) producidos por activistas y determinada gente ordinaria (estudiantes, artistas, trabajadores de salario mínimo, interinos, etc.) a quienes los acelerados procesos de privatización convertían en precarios. Se realizaban también talleres en concurrencia con otras redes de grupos autónomos que atacaban los mismos objetivos que las antedichas campañas. Este formato surgió en parte como un experimento para ir más allá de las formas de agregación prescriptivas, abstractas o ideológicas, con la intención de extender el área de influencia hacia sectores de la población berlinesa generalmente extraños al medio activista establecido. Se ponía especial atención en que la gente apreciara el impacto de las reformas estructurales en sus vidas cotidianas, movilizándola para que autorrepresentara su oposición. Se argumentaba que la acción directa unificada podría hacer visible este disenso en la esperanza de que tal visibilización política pudiera también inspirar trayectorias pluralistas de organización autodeterminada que tuvieran lugar más allá de los parámetros de la esfera activista reconocida.

Es importante subrayar algunas de las constricciones que, a pesar de su florecimiento en el plano retórico, estas proclamas inclusivas encontraron en su realización práctica. Por ejemplo, era difícil que accedieran a las acciones quienes sufrían discapacidades físicas; a pesar de la circulación que tuvieron la propaganda y los talleres, por su parte, se podría haber realizado también un mayor esfuerzo a la hora de crear alianzas más fuertes y sostenibles con las personas afectadas por la implementación de las políticas de Estado mencionadas. También es relevante el carácter disuasorio que pudiera haber tenido la evidente ilegalidad de las acciones, especialmente para quienes no podían permitirse ser detenidos por miedo, por el riesgo de ser deportados o por el de perder el empleo. Estas observaciones obligan a poner en cuestión la retórica de la inclusividad inmanente. De tal manera, dado que se trataba de un problema insoluble al comienzo, se puso especial énfasis en que las acciones fuesen lo más abiertas posible a pesar de las mencionadas limitaciones. Ciertos resultados que podría acarrear el carácter de ilegalidad de las acciones, a saber, arrestos y daños corporales, se encararon colectivamente. Este formato ayudaría a aliviar parte de la culpa y la ansiedad que con frecuencia se asocian a tales acciones cuando se enfrentan individualmente. Se tuvo así cuidado en ofrecer una plataforma por la cual los potenciales participantes se pudieran sentir más cómodos mediante la cooperación. Se concedió a este aspecto la máxima importancia durante el Pinker Punkt (Pink Point: Ride for Free [Punto Rosa: viaja gratis]) de 2005, en el que se animaba al público a viajar sin billete en el transporte público de la ciudad en respuesta a la reestructuración de las tarjetas de descuento para estudiantes y al aumento de las tarifas. La acción se denominó así con el objetivo de redefinir la práctica de schwarzfahren (riding black [viajar sin billete; literalmente: "viajar negro"]), desviando, en un sentido queer, las asociaciones criminales y racistas del término. El número de participantes en Berlín varió entre grupos de 3 y 50 personas viajando gratis[4]. Cada grupo que viajaba incluía algún miembro con experiencia de haber practicado estrategias con las que enfrentar posibles problemas legales; se informó repetidamente a quienes participaban sobre sus derechos y se les dieron instrucciones sobre qué hacer con el fin de minimizar los posibles perjuicios. La acción se hacía inmediatamente visible para los pasajeros del transporte público con el fin de no provocar inquietud o pánico en el caso de que los y las activistas se vieran enfrentadas a los revisores. Quienes habían tomado parte en las acciones, junto con más gente afín al proyecto, organizaban una fiesta para obtener fondos con los que cubrir los gastos de tres multas individuales así como para proseguir con el espíritu de solidaridad y comunidad[5].

 
Juego

Estos intentos integradores y de procuración de una ética respetuosa con el público caracterizaron la orientación social de las intervenciones Umsonst. En correlato con las técnicas más "pragmáticas" que sostenían este tipo de interacción estaban las tácticas afectivas utilizadas para hacer posible un sentido de colectividad durante el propio acontecimiento. Desarrollando insurrecciones que sean placenteras y, esto es importante, oportunas, la resistencia política se vuelve más deseable para una esfera social amplia. Para crear este deseo de participación se utilizaron elementos estratégicamente divertidos con el propósito de cultivar una atmósfera de juego e interconexión. El juego resultaba primariamente útil en estas intervenciones por su naturaleza indistinta y disruptiva. El carácter del juego permite deslizarse hacia una posición paradójica entre lo "real" y lo "no real", en el sentido que incorpora palabras, gestos, esperanzas e intenciones "reales" que se enmarcan en un contexto "irreal".

Gregory Bateson señaló un tipo complejo de juego en el que la premisa "esto es un juego" se problematiza mediante la cuestión "¿es esto un juego?". Para Bateson ello conduce a la paradoja peculiar y ambigua de una "metáfora en serio", en la que el juego significa algo más que un ámbito fantástico e irreal. Afirmaba que este doble movimiento está presente en el arte y en otros estados en los que los acontecimientos pueden ser simultáneamente verdaderos y falsos[6]. Me gustaría llegar más lejos sugiriendo que es esta incertidumbre del juego lo que puede impulsar una desterritorialización radical de las categorías que diferencian el juego de lo que no lo es, siendo ése precisamente el medio en el que las acciones de Umsonst tuvieron lugar. Porque al mismo tiempo que las acciones se saturaban con estos elementos fantásticos, también abrían un momento para el encuentro aleatorio en el que se hacía posible concebir el mundo del juego como una realidad potencialmente emergente. Aunque las intervenciones parecían simplemente juguetonas en el nivel connotativo, también excedían su posible clasificación en la medida en que denotaban algo más, algo que tenía implicaciones significativas para una construcción diferente de la vida cotidiana. Este estilo de juego (en este caso un juego que tiene intenciones políticas serias en el seno de un formato más amplio que no es formal) muestra cómo el juego "exige riesgos y promete gratificaciones que pudieran tener consecuencias para nuestras vidas cotidianas"[7]. Es exactamente ésta la sensibilidad articulada recientemente por quienes participan en Umsonst Hamburgo, cuyo empleo de técnicas que incorporan el juego, tales como la irritación, la performance y el carnaval, "hace posible, por un breve lapso, escapar de la normalidad del consumo y hacer pensable lo impensable: todo puede ser gratuito"[8].

De manera simultánea a esta línea de fuga hacia las posibilidades de abrir espacios para volver a imaginar el mundo que ofrece el juego, este aligeramiento del ambiente tiene consecuencias más prácticas. Acciones como las de Umsonst, en las que el riesgo es alto debido a la naturaleza abiertamente ilegal de sus gestos, pueden utilizar la incertidumbre de la antiidentificación juguetona como una doble estrategia para evitar las detenciones y los daños físicos. En una campaña en concreto que tuvo lugar en abril de 2004, MoMa Umsonst, fue la ambigüedad del acontecimiento juguetón y las identidades inespecíficas de los activistas lo que permitió disfrutar de una protección y una libertad infrecuentes en las protestas de acción directa. El acontecimiento se creó como respuesta a los precios y las largas colas de entrada a una exposición que generaban limitaciones al acceso del público en general frente al trato de favor otorgado a quienes portaban acreditaciones VIP de acuerdo con su estatus económico. La campaña comenzó dos semanas antes de la acción con la diseminación de dos mil carteles similares a los anuncios oficiales del MoMA [Museo de Arte Moderno], pero escritos en alemán, turco e inglés y afirmando que el 17 de abril a las 16hrs el acceso a la exposición sería gratuito para todo el público. La campaña fue cubierta por todos los medios de comunicación locales; el día de actos se presentaron entre cuatrocientas y quinientas personas. Dado que los y las activistas mantuvieron una presencia ambigua se generó una inquietud entre los periodistas que no sabían a ciencia cierta a quiénes debían entrevistar y solicitar comentarios. Esta desestabilización de la identidad también desvió la fuerza de los aparatos de Estado ya que no estaba claro a quiénes responsabilizar de haber instigado el acontecimiento. Como explicó una de las personas colaboradoras,

"en cualquiera de estas grandes manifestaciones de Berlín la policía siempre se las arregla de alguna manera para golpear a la gente... la mofa se lo pone más difícil... Revoloteas bailando confundiendo a la policía, que nunca puede estar segura: ¿se trata de una acción política o una acción cultural? Es bueno romper estas nítidas divisiones"[9].

Los beneficios de esta contorsión y desplazamiento de categorías, identidades y terrenos de protesta que permite la naturaleza enigmática del juego se pueden observar en el interior de la metodología de las intervenciones Umsonst a tres niveles, la cual no sólo es capaz de favorecer diferentes modos de interacción en la situación actual (al oscilar entre los parámetros que distinguen lo "real" de lo "imaginario") sino que también ilumina ciertos modos en los que se puede al menos comenzar a superar la alienación que viene asociada a las divisiones clásicas entre el activista y el público o las personas no activistas. El juego y la diversión pueden instigar un deseo de participación que ayuda a crear una comunidad espontánea aunque quizá transitoria. Confundiendo las demarcaciones que separan al activista individual del cuerpo público esta doble práctica estratégica de antiidentificación también confiere a la comunidad un mayor sentimiento de protección que con frecuencia es difícil de lograr en situaciones de protesta mediante la acción directa. Rompiendo con las expectativas de encontrar un perfil claramente delineado del acontecimiento, el uso del juego garantiza una cierta libertad de movimiento a través de la cual vigorizar interacciones recíprocas que atraviesan lateralmente diversas formas de agrupamiento y filiación social.

 
Deseo

Coincidiendo con los aspectos juguetones de tales prácticas activistas performativas, la evocación del deseo beneficia la configuración del acontecimiento Umsonst. Resulta útil hablar aquí sobre el deseo en relación a los escritos de Gilles Deleuze y Félix Guattari quienes divergían de las concepciones proyectivas del mismo (las que consideraban que el deseo significaba carencia y lo limitaban al ejercicio pasivo de la imaginación y la fantasía), resituándolo como una velocidad excesiva capaz de permitir y alterar las composiciones de los cuerpos y sus estados. Las máquinas deseantes son, para Deleuze y Guattari, fuerzas ambivalentes vitales para todos los procesos de producción. Forman parte del cuerpo social y están en todas las máquinas técnicas y sociales; es el deseo el que produce realidad[10].

Esta concepción del deseo interesa a las acciones de Umsonst en la medida en que puede ayudar a discutir las maneras en las que las campañas se propulsaron por máquinas deseantes que creaban conexiones, transiciones y dislocaciones que tienen el potencial de producir miríadas de efectos y resonancias que pueden extender nuevos modos de interacción. Una de tales trayectorias es la serie de conexiones forjada entre los deseos sociopolíticos de activistas y personas "no activistas". Como se ha mencionado, lo que resultaba motivador de las acciones Umsonst que orquestaban concatenaciones entre el individuo activista y los ámbitos cotidianos era su carácter de intervenciones creativas en áreas de evidente desafección pública. Ello se demostró nuevamente en una intervención conducida por miembros de Umsonst Hamburgo que participaron en las protestas alrededor del EuroMayDay en 2006. Había habido mucha discusión sobre la precariedad y la explotación de trabajadores interinos e inmigrantes en Europa; las cuestiones asociadas a estos temas se situaban en primera línea de las actividades EuroMayDay en el ámbito de las cuales surgió esta acción. Durante la mañana del 28 de abril unos treinta activistas Umsonst respondieron en Hamburgo a la situación descrita invadiendo, disfrazados de superhéroes, un supermercado de lujo Frische Paradies. Escaparon con cantidades significativas de champán, carne de calidad superior y otras delicias que después redistribuyeron entre residentes locales con bajos salarios, interinos sin sueldo y otras personas cuyos ingresos estaban por debajo del salario mínimo. En esta acción, tal y como se discutió más arriba en relación a las acciones de Umsonst Berlín, estaba también presente un elemento de comunalidad y cuidado: no sólo en la ulterior distribución de las mercancías sino también en el momento del acontecimiento ya que los activistas obsequiaron con regalos a quienes trabajaban en el supermercado e informaron a los espectadores y espectadoras mediante volantes[11].

En respuesta a esta acción se registraron diversas actitudes que hacen difícil valorar adecuadamente los resultados debido a la predominante cobertura informativa de medios de masas frente a los alternativos. De acuerdo con un artículo aparecido en la web alemana Socialismo ya, se diseminaron con entusiasmo pins con imágenes de los superhéroes entre una multitud conformada por unas tres mil personas que participaron en la parada oficial EuroMayDay[12]. Entre los reportajes de los medios de masas las respuestas fueron más ambivalentes ya que enfatizaban un artículo de The Guardian el cual afirmaba que los empleados, en contra de lo que se pretendía, habían resultado intimidados. Sin embargo, ese mismo artículo se refiere a la acción como "una de las más inventivas y posiblemente divertidas de la historia criminal de Alemania"[13]. Esta ambivalencia también fue evidente en la crónica del periódico conservador alemán Hamburg Bild, el cual introducía el reportaje con un comentario indirecto:

"Entrar sin más en la tienda más cara del área y llevarte lo que quieras. Todo el mundo sueña con esto, pero hay un pequeño grupo de gente que además lo hace"[14].

A pesar de que el tono del artículo era progresivamente condescendiente, el comentario con que se abre es de lo más chocante. De él se infiere el potencial que tales intervenciones tienen de encandilar al público, de localizar, de alguna manera, una línea de fuga para un deseo compartido e irreverente. Argumentar en favor de la naturaleza colectiva de este deseo no es negarle su heterogeneidad. Es llamar la atención sobre esos momentos de cristalización de la desafección sentida por el populacho que, confrontado a una imagen o figura mítica de resistencia, se ve simpatizando con –o afectado por– la sensibilidad a la que el gesto da cuerpo.

Me gustaría afirmar que, como tal, este enfoque sobre la fuga localizada aunque flexible del deseo abría el camino por el que tales acciones se inundaban de posibilidad. Guattari argumentaba que para que una máquina deseante fuera emancipadora y no recuperadora o afirmativa de las estructuras de dominación debía ser colectiva; debe extenderse a través de todos los estratos sociales, de las escuelas a las prisiones y a las calles. Para él,

"el deseo liberado significa que el deseo escapa al impasse de la fantasía privada: no se trata de adaptarlo, socializarlo, disciplinarlo, sino de conectarlo de tan manera que sus procesos no sean interrumpidos en el cuerpo social y que su expresión sea colectiva... No se trata de dirigir, totalizar, sino de conectar en el mismo plano de oscilación"[15].

La demanda de una potencial libertad comunal, de una posición desafiante que sobrepasa la ley y en la que, por un breve lapso temporal, se erige una ética diferente seguida del retorno a la vida cotidiana, estimula el sentimiento de que esa libertad puede estar al alcance de la multitud, de que el potencial de insurgencia revolucionaria podría subyacer en cada acto de la vida cotidiana. La acción Superhéroes conectaba partículas de deseo colectivo; a ello se aludía en la cobertura mediática, en las respuestas de quienes participaron en la EuroMayDay, en el feedback recibido por los propios activistas y en la retórica sobre la apropiación y las nuevas formas de activismo que actualmente exponen varias iniciativas políticas alternativas.

Esto, sin embargo, no significa que queramos sugerir que la intervención no requiera de un análisis crítico más profundo. Ya que, mientras que el acontecimiento logró salir de las plataformas activistas convencionales para ilustrar tácticas de orientación más cotidiana para la resistencia colectiva, el recurso a imágenes de desafío populares tendía paradójicamente a recodificar la resistencia como algo que ocurre aparte de la identidad o la vida cotidiana "no activista", reduciendo así la pluralidad de identidades y perpetuando lo que constituye el papel de un sujeto activista diferenciándolo de quien no lo es. Como sucede con la mayoría de las acciones Umsonst, a pesar de que había un intento claro de avanzar estrategias para una apropiación continuada, no se ofrecía necesariamente una indicación sostenida de cómo autoorganizarse fuera de la estructura y el apoyo ofrecidos por el colectivo activista. Empero, se daba el esfuerzo por, al menos, enmarcar el acontecimiento y las tácticas, de manera no convencional, en esferas no asociadas clásicamente con la práctica activista e imbuidas de deseos sociales que normalmente se hacen invisibles.

Es precisamente al hacer visibles estos deseos sociales y acciones ilegales –con frecuencia irrepresentados– que tanto el juego como el deseo vuelven una y otra vez a la política de apropiación colectiva actualizada mediante las campañas Umsonst. Adoptando una estructura política no prescriptiva, rizomática, flexible y en conjunción con técnicas creativas, se mantiene una continua danza transversal entre diferentes contextos y terrenos. Y es en parte en este movimiento de campañas Umsonst donde se hace posible pensar algunos modos en los que nuevos encuentros y relaciones pueden formarse entre activistas, público y gestos cotidianos de resistencia.

 

Una versión más amplia de este texto estará disponible en Gavin Grindon (ed.), Aesthetics and Radical Politics, en prensa, 2007.



[1] Según afirma el panfleto de Umsonst Berlín, "Por una vida placentera, ¡ya!", s/f.

[2] Rob Eshelman, "Everything for Everyone, and For Free, Too! A Conversation with Berlin Umsonst", en Interactivist Info Exchange, 2005 (http://info.interactivist.net/article.pl?sid=05/08/18/1741232). Entre las influencias de los movimientos Umsonst alemanes se cuentan también la teoría y la práctica de otros movimientos europeos de apropiación recientes como Yomango (con quienes Umsonst de Hamburgo colaboró en 2005: <http://yomango.net>). El movimiento Chainworkers de Milán y la facción barcelonesa de Yomango condujeron en 2002 dos talleres en el Foro Social Europeo de Florencia, en los que se reunieron redes europeas de mediactivistas y activistas laborales. Como se explica en el sitio web de Chainworkers, "se decidió fundar la red *esa* (euro social activism), una entidad destinada a coordinar en red huelgas legales y salvajes, formas de acción directa, guerrilla de la información y sabotaje de imágenes, un engranaje destinado a construir un espacio político europeo verdaderamente radical y unificado" ("Chainworkers Timeline", http://www.ecn.org/chainworkers/dev/node/view/84).

[3] Bruno Ramírez, "The Working-Class Struggle Against the Crisis: Self-Reduction of Prices in Italy", en Zerowork, febrero de 1975 (http://www.geocities.com/cordobakaf/self_reduction.html).

[4] Esta alta participación fue, sin embargo, excepcional. De acuerdo con un miembro de Umsonst Berlín los intentos de superar esta participación no tuvieron éxito, con entre cinco y diez intentos de establecer un grupo de acciones fijo que solamente obtuvieron una participación mínima. Datos obtenidos mediante correspondencia privada con un miembro de Umsonst Berlín, 1º de febrero de 2007.

[5] Información recogida de los panfletos distribuidos durante la campaña (abril de 2005). Véase también Rob Eshelman, supra nota 2.

[6] Gregory Bateson, "A Theory of Play and Fantasy", en Henry Bial (ed.), The Performance Studies Reader, Routledge, Londres y Nueva York, 2004, págs. 124-125.

[7] Henry Bial, "Play", en Henry Bial (ed.), ibídem, pág. 115.

[8] Umsonst Hamburgo, "Hier Spielt das Leben", en Arranca!, nº 29, primavera de 2004, pág. 31.

[9] Véase Rob Eshelman, op. cit.

[10] Gilles Deleuze y Félix Guattari, "Balance-programa para máquinas deseantes", en El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Paidós, Barcelona, 1998, pág. 406.

[11] El texto de estas hojas volantes rezaba: "Sea como trabajador interino permanente, teleoperadora, migrante dedicado a tareas de limpieza o fracasada escolar sin perspectivas claras de empleo: sin las aptitudes mutantes de los Super Héroes Precarios sobrevivir en la ciudad de los millonarios es imposible. Quienes producimos la riqueza de Hamburgo no recibimos nada de ella. Pero esto no tiene por qué continuar así. Desde los desayunos de lujo en Süllberg hasta la carne y el champán de Frische Paradies, las localizaciones de la riqueza son tan numerosas como los métodos para reclamarla. Queda una pregunta en el aire: ¿dónde vas a usar tus superpoderes?", citado por Spidermum en "EuroMayDay HH: Superhelden im Frische Paradis", publicado en Indymedia Alemania el 28 de abril de 2006. (http://de.indymedia.org/2006/04/145010.shtml).

[12] Gaston Kirsche, "Revolutionäre Mannschaften und Superhelden: Über Sinn und Unsinn militanter Aktionen", en la web Socialismo ya (http://www.sozialismus-jetzt.de/LinX-2006-12/Superhelden.html).

[13] Luke Harding, "A Merry Band", en The Guardian, Gran Bretaña, 17 de mayo de 2006. (http://www.guardian.co.uk/g2/story/0,,1776357,00.html).

[14] "Klau-Chaoten stürmer Hamburger Geschäfte", en Bild, 8 de mayo de 2006. (http://www.nadir.org/nadir/kampagnen/euromayday-hh/de/2006/04/452.shtml).

[15] Gilles Deleuze y Félix Guattari, "Capitalism: A Very Special Delirium", en Félix Guattari, Chaosophy, edición de Sylvère Lotringer, Semiotext(e), Nueva York, 1995 (http://www.generation-online.org/p/fpdeleuze7.htm).