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04 2006
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Resistencia y organización en el posfordismo

Sobre un intento de investigación militante del trabajo precario en Austria

Traducción de Gala Pin Ferrando y Glòria Mèlich Bolet, revisada por Joaquín Barriendos

Robert Foltin

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Una herramienta para reconocer la composición de clase1 es la ”investigación militante” (”cuestionario”, ”encuesta obrera” o ”coinvestigación”), la cual está experimentando en este momento una sorprendente revitalización en distintos contextos. Surgida en Italia en los años sesenta, la conricerca se pensó no sólo para reconocer la composición técnica de la clase trabajadora sino también para promover e influenciar su composición política o nueva composición (es decir, las luchas y la organización de los trabajadores y trabajadoras). La comunicación y la información mutua entre los y las trabajadoras debe de ser promovida, y, tal como lo formulaba un día de modo rimbombante el Wildcat (cuando aún era el periódico de Karlsruhe): deben prepararse luchas ”espontáneas” (Karlsruher Stadtzeitung, reimpreso en 1985).

Basándose en la experiencia de la gran cantidad de pequeñas acciones de resistencia contra el sistema capitalista que siguen dándose una y otra vez, especialmente tras las grandes huelgas de estudiantes de 1996 en Viena y en Austria, se fundó en 1997 un pequeño grupo llamado Koordination2. Su objetivo consistía en promover la comunicación e información sobre las luchas y con ello salir del gueto de la ”escena activista”3. El nombre se inspiró en las coordinations francesas, las cuales, desde mediados de los ochenta, se formaban en todas las huelgas sin integrarse a estructuras dominantes. Algunas organizaciones de izquierda intentaron introducir perdurabilidad en las coordinaciones pero éstas, como autoorganizaciones en la revuelta, no se dejaron burocratizar. Desaparecían al final de las manifestaciones y las huelgas para aparecer en cada nueva protesta conectándose con experiencias pasadas.

Nuestra Koordination quería ser una herramienta para poner la información y la comunicación a disposición de las ”pequeñas” luchas. Producíamos regularmente una hoja informativa cuyo contenido publicábamos también en la red y que servía como fondo de información a periódicos de izquierda radical (como TATblatt). A largo plazo, sin embargo, debido a la ausencia de luchas en Viena, nos limitamos a la recogida de noticias internacionales.

Influidos por Wiederkehr der Proletarität (El regreso del proletariado) de Karl-Heinz Roth, también nos ocupamos de nuestras propias condiciones laborales precarias: el argumento de Roth consistía en afirmar el hecho de que las condiciones vitales y laborales de mucha gente de la izquierda (del ámbito de la academia) se habían aproximado a las de los trabajadores, por lo que ya no resultaba necesario el ”camino hacia el proletariado”. El fracaso de todas las políticas tradicionales hasta el momento (socialista, comunista, anarquista) habría hecho posible un nuevo comienzo más abierto y democrático de base. En el plano global tendría lugar una ”comunización” del proletariado, una nivelación de las posiciones de clase entre el primer, el segundo y el tercer mundo, que ofrecería nuevas posibilidades de comunicación para las luchas contra la proletarización y la pauperización. Como individuos viviendo en la precariedad nos vimos como parte de esta clase e intentamos establecer vínculos de organización y de lucha entre nosotras y la gente del exterior de la ”escena” autónoma de izquierdas.

De acuerdo con nuestra experiencia, muchas de las personas que conocíamos vivían en condiciones precarias. Por un lado, esto implicaba la alternancia entre distintos trabajos y la recepción de ayudas sociales; por el otro, implicaba la preponderancia de condiciones laborales inseguras como los contratos de obra y servicios, los contratos eventuales, el trabajo negro o el trabajo por proyectos. De ello surgió la idea de llevar a cabo una investigación militante a partir de nuestros contextos sociales. El cuestionario se formuló de forma flexible; el objetivo no era obtener resultados sino desarrollar discusiones que promovieran luego el flujo de información y que tal vez incluso posibilitaran luchas. Todas las preguntas se prestaban a una interpretación positiva o negativa (por ejemplo, se mencionaban las ventajas de unas condiciones laborales sin garantías, tales como el hecho de poseer más tiempo libre).

A las respuestas de las quince personas encuestadas se añadieron las conversaciones y discusiones generadas por los cuestionarios. Los ”resultados” se vieron influidos también por informes y relatos de los y las colegas y compañeras de trabajo de aquellos que respondieron y discutieron los cuestionarios. Debido a la selección de las personas encuestadas, la mayoría de ellas manifestaba interés por una vida subversiva así como la esperanza de dejar de ser explotadas algún día, aunque la precariedad en la que viven (y en la que nosotras y nosotros también vivimos) se percibiera como relativa. Por una parte, esto se debe a que en la ”escena” hay menos presión social para representar algo que sólo se puede obtener con dinero. Asimismo, porque se trata de un entorno social seguro del que se puede obtener reconocimiento. Normalmente, y a pesar de tener conciencia del capitalismo, las condiciones vitales y labores concretas apenas se mencionaban fuera de las discusiones sobre el cuestionario. Las condiciones laborales habían sido, hasta cierto punto, elegidas por voluntad propia, aún cuando para algunos simplemente las cosas se habían dado así, y la vida en la ”escena” y/o la actividad política y cultural estaban en el centro. A pesar de que entre las personas encuestadas no había ningún migrante ni ninguna de las tantas veces nombradas cajeras de supermercado, se daban unas diferencias enormes en sus condiciones laborales. Éstas comprendían desde proyectos informáticos en los que se puede ganar mucho dinero en poco tiempo, hasta el trabajo en negro de pegar carteles con una remuneración muy baja. En todos los casos se repetía una inseguridad a largo plazo y la oscilación entre unas cantidades de trabajo casi insostenibles y periodos de tiempo libres, lo que se vinculaba a menudo con problemas financieros y económicos.

El trabajo en el fordismo se caracterizaba por unos salarios relativamente altos para los hombres y una implicación de los sindicatos en las relaciones de capital. La relación de poder entre trabajadores y capital se expresaba en el salario. Esto se relacionaba con la disciplina en la fábrica y fuera de ella (desde el colegio hasta la cárcel), así como con la presión de la dominación patriarcal en la familia. En el posfordismo no han desaparecido las fábricas, pero éstas han externalizado partes del trabajo (en pequeñas fábricas o también en trabajos precarizados tales como los contratos por horas, los trabajos eventuales, aquéllos con contrato de duración determinada o por obra y servicio). Estas formas existieron también en el fordismo, igual que el empleo a tiempo parcial para las mujeres. Sin embargo, mientras que en el fordismo se veía el trabajo ”precario” de los hombres sólo como una etapa de transición, por ejemplo durante los estudios o como una huida de la fábrica hacia la actividad política o cultural, esta tendencia se ha convertido hoy en algo fuertemente extendido. Las condiciones de trabajo normales, no obstante, no han desparecido en Europa.

Una y otra vez se afirma que la resistencia es más difícil en las condiciones laborales posfordistas ya que la individualización dificulta la comunicación. La pretendida rebelión colectiva de los y las trabajadoras tendría entonces algo que ver con la uniformización de la fábrica (¿o de la oficina?). En las nuevas condiciones laborales las personas no se encontrarían más entre ellas. Durante el fordismo y sus condiciones de trabajo, sin embargo, ya la gente que participaba en organizaciones ”proletarias” –como las de la socialdemocracia– no solía encontrarse principalmente en sus puestos de trabajo, sino en los espacios de vivienda y tiempo libre. La exigencia de ”igualdad” (”sueldos iguales para todas y todos”) es la única que sirve apenas dentro de los patrones posfordistas: en la fábrica se generaban diferencias ”artificialmente” con el fin de poner a unos trabajadores o trabajadoras contra otras por medio de grupos salariales, pero también a través de las fronteras étnicas o de género. Debido a la multiplicidad de formas de vida y de trabajo en el posfordismo, es difícil imaginarse una ”igualdad” mesurable. Es por ello que ya no sería el salario igualitario la condición a exigir, sino una renta básica para todos y todas.

Una experiencia importante que pudimos extraer de nuestra investigación fue que las condiciones de lucha y organización son para los y las trabajadoras precarias igual de fáciles o de difíciles que lo eran en la fábrica fordista. El nivel de resistencia (individual) que se ofrece depende más de la identificación con las estructuras de la empresa que de la extensión o de la (todavía) organización fordista. Y quien se acuerde de la agitación política en los trabajos fordistas sabrá cuánto enfado provocaba el conformismo de los trabajadores y trabajadoras y lo difícil que resultaba tan sólo hablar sobre el salario, para no mencionar las estrategias de lucha o la huelga. El mobbing y la competencia estaban y están muy extendidos entre los y las trabajadoras, así como el sexismo y el racismo. No es necesariamente la precariedad y el carácter posfordista lo que dificulta la resistencia.

Puesto que durante la investigación no se produjo prácticamente ninguna lucha colectiva, y sólo de forma aislada hubo informes sobre confrontaciones en el pasado, las respuestas de las personas encuestadas se limitaban a formas de resistencia individuales. En general, se afirmaba que el absentismo por hacerse el enfermo sólo es posible en aquellos trabajos en los que existe un contrato formal; esto es, en trabajos temporales o en trabajos de duración determinada. Allí donde se dan las condiciones para ello, se practica. Se da, sin embargo, una reducción de las bajas por enfermedad en todos los ámbitos, relacionada con la generalización del endurecimiento de la presión por parte de los y las empresarias y sólo en parte con las ”nuevas” condiciones de trabajo. El miedo al despido en ”condiciones de trabajo normales” ha aumentado también o ha continuado estando allí. Los y las empleadas con contratos temporales usan más la baja por enfermedad, de hecho, que quienes tienen un contrato indefinido. Naturalmente, la posibilidad de pedir una baja laboral no existe para quienes se autoemplean ni para quienes tienen contratos de obra y servicios.

Trabajar despacio, apuntar más horas de las que se trabaja o incluso pedir más es generalmente posible como forma de acción defensiva. Los empresarios o empresarias por lo general no tienen control sobre las necesidades reales ni sobre el tiempo de trabajo que hace falta para cumplirlas. Incluso en algunas formas del nuevo autoempleo se da, a pesar de la competencia, un espacio de juego, ya que quienes proveen productos y servicios saben que los y las empresarias no pueden calcular el valor de estos y quieren evitar la inseguridad de tener que buscar nuevos colaboradores. A veces parece que se hace la vista gorda ante estas prácticas, como con las pausas y la resistencia pasiva en la fábrica fordista. Cuando trabajan juntos varios colegas, sin embargo, es muy importante que exista una buena relación para evitar que se aproveche la rivalidad entre ellos.

En una de las respuestas, la cual calificaba como”conciencia de clase” el hecho de echar pestes o reírse de los jefes, se puede ver hasta qué punto la capacidad de lucha era limitada. Esto sucede también allí donde se dan relaciones de dependencia personal con el jefe. El sabotaje y el robo se ven, en condiciones precarias, tan obvios como lo eran ya en el fordismo. Las condiciones para ello no tienen nada que ver con el trabajo normal o precario, sino con la posibilidad de sortear el control.

La posibilidad de plantear exigencias salariales se vinculaba al mismo tipo de dificultades que aparecían ya en las empresas fordistas, dependiendo del espacio de juego que tengan los empresarios o empresarias, y de la presión que los y las trabajadoras puedan ejercer conjuntamente. Se dan incluso situaciones en las que los precarios y precarias, con contratos temporales o de obra, tienen mejores condiciones de partida, puesto que los y las empresarias se encuentran bajo la presión del tiempo y no pueden encontrar sustitutos en cuestión de horas a pesar incluso de la sobreoferta de fuerza de trabajo.

Tras los resultados de nuestra investigación de 1997, se puede afirmar en resumen que prácticamente todas las formas de resistencia individual conocidas se dan y son usadas en condiciones laborales precarias. Incluso los nuevos autoempleados (que en este caso sería realmente mejor calificar como pseudoautoempleados) se identifican sólo de forma limitada con su trabajo, y ponen en práctica muchas de las posibilidades de resistencia existentes contra el trabajo4.

Queda abierta, por otro lado, la cuestión de la organización; casi nadie podía imaginarse qué formas de organización podrían encontrarse. Se valoraban positivamente las propuestas de organización situadas fuera del ámbito laboral (organizaciones de parados, casas okupas). Nada se esperaba de los sindicatos austriacos, de modo que predominaba el desconcierto respecto a la pregunta por la ”sindicación” del trabajo precario. Tal vez, sin embargo, esto deba verse como una ventaja, puesto que de este modo pueden surgir formas de organización no burocratizadas. En mi opinión, la iniciativa que se puso en marcha desde el ámbito anarquista (hace no mucho tiempo), a través de la que se organizaron encuentros regulares entre trabajadores precarios y precarias (y no sólo), con el fin de proporcionar apoyo externo a las luchas individuales mediante, por ejemplo, la producción de panfletos o un trabajo de difusión pública, fueron un primer paso en esta dirección. El grupo se desintegró cuando dejó de haber luchas concretas (antes de la desintegración se trataban principalmente las condiciones laborales en estructuras alternativas). La organización ”sindical” debería intentar vincularse con estos contextos sociales.

El grupo Koordination se desintegró debido a las contradicciones internas. Hay quienes pensaron que estábamos atrapados en nuestras propias arenas movedizas en la medida en que las discusiones apenas trascendían el ámbito de la ”escena”. Hay quienes atribuyeron la desintegración a la influencia del propio ”carácter interno” de nuestra investigación militante. Nos movimos fuera de nuestro estrecho círculo social principalmente en el caso de los y las educadoras y profesoras de formación para adultos, la mayoría con contratos por obra o de duración determinada. Cuando se cerró la institución IKL - Interkulturelles Lernen (Aprendizaje Intercultural) nos implicamos en las protestas. Casi no hubo efectos posteriores. El hecho de que los empleados y empleadas del ámbito de la formación de adultos sean hoy más activas no tiene tanto que ver con nuestro proyecto, sino más bien con que muchos académicos politizados del campo de las humanidades van a parar a este tipo de trabajos. De todas formas, nuestras propuestas de cuestionarios flexibles en el marco de una investigación militante sobre las condiciones laborales y vitales precarias se retomaron con la EuroMayDay Parade 005 de Viena.

Los ”resultados” (o no-resultados) del intento de investigación militante fueron subjetivos y tendenciosos, y así han sido expuestos. Lo interesante desde mi punto de vista era encontrar en las confrontaciones y las luchas formas de vida y de organización que constituyen intentos de superar la explotación capitalista. A pesar del fracaso de nuestro proyecto, la ”investigación militante” es en mi opinión un método excelente para reconocer conexiones y discutirlas. Si se extiende puede convertirse en un medio para conectar las luchas, apoyarlas, hacerlas visibles y reforzarlas, o simplemente sólo para transmitir la valentía de volver a abrir la boca. Para finalizar quisiera citar un apunte extraído de una conversación personal: ”es divertido resistir”, y después hablar de ello, precisamente porque las condiciones laborales son todavía en gran medida desagradables y alienantes. Las luchas son divertidas, crean relaciones y comunicación. Y además así se tiene algo que contar.

1 Composición de clase es por una parte la ordenación y estructuración por medio del capital, la aplicación de tecnologías o la organización del trabajo dentro y fuera de la fábrica y la composición de los trabajadores y trabajadoras para garantizar la explotación (”composición técnica”). Por otra parte, es la rebeldía de los y las trabajadoras, su disposición para la lucha y sus posibilidades de luchar (”composición política”).

2 Se trataba de una huelga contra los recortes financieros para los estudiantes. Fue característica de este movimiento la descentralización y la implicación de estudiantes que no eran necesariamente de izquierdas.

3 ”La escena” se refiere a la escena política de la izquierda radical. Es una forma muy extendida en Austria y Alemania para referirse tanto a la gente que se mueve dentro de movimientos sociales (principalmente dentro de la esfera autónoma), como a los espacios en los que estos se desarrollan. En adelante, continuaremos con la traducción literal del término por no encontrar equivalente en castellano que no resulte polémico. [NdT].

4 Entre los participantes no se encontraba ningún trabajador o trabajadora en prácticas obligada a trabajar gratuitamente y apenas ningún trabajador o trabajadora del ámbito científico, quienes trabajan más y de forma gratuita con la esperanza de hacer carrera.