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04 2008
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Rog: la lucha en la ciudad

Traducción de Marcelo Expósito

Andrej Kurnik, Barbara Beznec

Barbara Beznec

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El complejo fabril Rog en Ljubljana, que llevaba vacío más de una década, fue ocupado y abierto como centro social a finales de marzo de 2006. Como resultado de esa ocupación, varios individuos y grupos inyectaron vida a este nuevo espacio para la producción cultural, artística, social y política. La intención inicial era realizar una intervención espacial breve y temporal en la ciudad, en oposición a los efectos negativos de la privatización y la desnacionalización —que provocaron la desaparición de los espacios públicos—, para articular nuevas políticas culturales. La creación de un nuevo centro de producción cultural autónomo fue una respuesta al control cada vez más estrecho que se ejerce sobre la producción cultural —tanto en instituciones públicas como en la privadas—, y por tanto sobre la producción de subjetividades políticas. Fue también una respuesta a las dificultades que surgen en el tránsito de un paradigma de producción material a uno de producción inmaterial —tránsito en el que muchos productores y productoras culturales y artísticos se quedan sin espacios o instituciones—. La ocupación de Rog tuvo lugar por tanto en el contexto de cambios económicos y sociales que tienen como resultado que numerosas antiguas fábricas se queden vacías, una alta tasa de desempleo y el aumento sustancial del cognitariado precario. La ocupación temporal de Rog buscaba encender el debate en la ciudad sobre las políticas culturales y las condiciones de producción del cognitariado. Cuál habría de ser el nivel de conflicto que acompañase a ese debate, no estaba claro; de hecho, ha variado durante la existencia de Rog. En el momento en que escribimos este texto, se da un alto nivel de conflicto, mucho más alto que hace un año, porque las negociaciones entre la comunidad de usuarios y usuarias de Rog y la administración municipal han sido suspendidas de forma abrupta por el alcalde. Después de un intento fracasado de desalojo, la actual posición del alcalde es mantener a Rog bajo estricta vigilancia municipal.

 
Rog como acontecimiento generacional

Rog ha sido hasta el momento una experiencia generacional. Comenzó como un intento práctico de romper con la hegemonía conceptual, práctica y política de la generación que se mantiene en el poder en Eslovenia desde la década de 1980. El concepto de “sociedad civil” fue hegemónico en la política de esa década en todo el espectro partidario, institucional y de los movimientos sociales. La lucha en torno a la interpretación de ese concepto finalizó con el triunfo de la noción burguesa de sociedad civil: en una separación de política y economía, mediante la cual el dominio del mercado capitalista sobre la economía y la autonomía de la política se observaban como garantía de la integración de la sociedad en el mercado global. El discurso sobre los derechos se basaba en la asunción de que éstos se garantizan, bloqueando así la posibilidad de que se produzcan. La producción de la vida se hace finalmente imposible fuera del control unilateral capitalista: las formas alternativas de su producción se toleran sólo como excepciones, que resultan ser así prácticas de resistencia localizadas, políticas de identidad relacionadas verticalmente con el Estado. Las nociones de cultura alternativa, estilos de vida, identidades y minorías son incorporadas al sistema multicultural, que permite ciertas expresiones de la diferencia sin poner en riesgo la máquina de reproducción social del capital. Las instituciones de la sociedad civil establecidas en la década de 1980 se convirtieron así en instituciones toleradas en el seno de un multiculturalismo neoliberal de izquierda.

La enorme cantidad de energía y confianza en sí que mostraba todo el espectro de las subjetividades de los años ochenta se ha dispersado y atenuado, especialmente tras las consecuencias trágicas de la desintegración de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Una de las raras expresiones de deseo autónomo y antagonismo social que sobrevivió a la transición sin perder su autonomía y espíritu rebelde fue la ocupación y reanimación de los antiguos barracones del ejército yugoslavo Metelkova en 1993. Este enorme complejo en el centro de Ljubljana se convirtió pronto en un centro de disenso cultural y social, en una fábrica de producción alternativa de subjetividades. Pero a finales de los años noventa la transición se había prácticamente cumplido: con la entrada en la Unión Europea y en la OTAN al inicio del nuevo milenio, Eslovenia se convirtió en un territorio de completa articulación imperial. Empero, el desarrollo del nuevo régimen biopolítico también produjo nuevas subjetividades antagonistas que se identificaron con el nuevo movimiento social por la globalización alternativa. La nueva generación política que surgió de las luchas globales, enraizadas en experiencias como el alzamiento zapatista o las protestas de Seattle y Génova, que se encontró operando en un nuevo contexto de producción y explotación biopolítica, en un régimen de movilidad y de multiplicidad restringida y controlada, ya no podía seguir apoyándose en las instituciones de los movimientos de los años ochenta.

La nueva generación política se alzó también contra las características específicas de la producción biopolítica en los antiguos países socialistas, que están determinadas por las dificultades que surgen al abandonar el paradigma de producción de Manchester, con un nuevo crecimiento económico: (a) basado en la hiperexplotación; (b) concentrado en el sector de la construcción (en detrimento de las formas de trabajo inmaterial y cognitivo a las que se concede menor valor), cuyas grandes ganancias provienen de la explotación de trabajadores migrantes, la movilidad de los cuales, autoritariamente restringida y controlada, se ha convertido en la clave del crecimiento económico nacional; (c) con una alta tasa de desempleo y precarización entre los sectores que tienen acceso a educación superior.

Las nuevas subjetividades, un nuevo orden, las nuevas concepciones del espacio y del tiempo y, sobre todo, las nuevas articulaciones de la producción y de la explotación inmaterial posfordista, exigen un nuevo modo de visibilidad, de intercambio y de organización. El paisaje cambiante de la ciudad y sus extrarradios, la pérdida del espacio público por causa de la privatización, el gobierno autoritario sobre las poblaciones y las prácticas que quienes están en el poder consideran problemáticas, así como la reducción de la diversidad a la lógica del beneficio, han sido los factores que exigían una nueva intervención político-espacial. Es éste el contexto en el que Rog se articuló, buscando devenir una institución de producción libre que pudiera reapropiarse de las condiciones de producción biopolítica: una institución del común.

 
Aperturas y encuentros

La antigua fábrica de bicicletas Rog es un símbolo de la corrupción que la privatización entraña. Es también el símbolo del difícil tránsito del fordismo al posfordismo, del paradigma de la producción material al de la producción inmaterial. La producción en Rog se interrumpió para que la fábrica fuese privatizada, reestructurada e integrada en el mercado global; ello conllevó un ataque a los trabajadores que destruyó su poder económico y político. En varios procesos sucesivos ha sido adquirida en dos ocasiones por la municipalidad, y por razones especulativas —se encuentra en el centro de la ciudad— ha estado vacía durante quince años.

La idea de que era necesario abrir y revitalizar espacios se había ido extendiendo entre quienes venían enfrentándose a la brutal fase de expropiación que tuvo lugar durante la década de 1990. Los partidos de derecha en el gobierno de la nación introdujeron medidas que provocaron serios problemas a la nueva producción cultural y social que buscaba acceder a los recursos económicos y a los espacios. En la ciudad de Ljubljana, el poder, en manos de la izquierda, accedía sin cortapisas a los requerimientos de los lobbies inmobiliarios. Dada la situación, durante el festival Swarming of the Multitude se ocupó la fábrica Rog y se declaró públicamente abierta a quien necesitase un espacio para la producción social y cultural.

Es así como Rog nació. Inmediatamente después de la ocupación, la significación de esta fábrica reabierta se desbordó más allá de los límites físicos de las comunidades directamente implicadas en la autoorganización del espacio, convirtiéndose en un generador y en un espacio donde se ponía a prueba el cambio de los paradigmas productivos. Es por esta razón que la ocupación fue desde el inicio apoyada por muchos sujetos y organizaciones artísticas y culturales. La comunidad de la nueva fábrica posmoderna Rog fue perfectamente consciente de estar deviniendo en una nueva institución artística, cultural y social. Comenzó por desarrollar una estrategia de comunicación no conflictual con los propietarios —la municipalidad de Ljubljana— que se basaba en promulgar la noción de uso temporal de una ocupación justificada por la necesidad de nuevas instituciones para la producción cultural, social y artística. Pero el discurso no se basaba solamente en la necesidad de erigir instituciones para la valorización del trabajo inmaterial y cognitivo: era también un discurso contra la explotación del trabajo mediante la organización del espacio. Se establecieron por tanto prácticas de organización y comunicación basadas en la asamblea de usuarios y usuarias y en procesos de toma de decisiones que promovían la participación activa, la apertura y la autodeterminación, con el fin de reforzar una identidad común y favorecer la autovalorización. Se trataba de mecanismos de defensa del ámbito público mediante la reconstrucción de un espacio común que debería permanecer abierto frente a los intentos de desalojo, organizado en torno a la noción de “común” (frente a la privatización), y cuya temporalidad permitiría producir un programa de actividades y formas de autogobierno que pudieran tener continuidad en un futuro Nuevo Rog: las formas de organización y comunicación temporales buscaban así establecer una continuidad entre la fábrica ocupada y las nuevas instituciones públicas de la producción cultural y social.

Durante ocho meses fue tolerado el proyecto, hasta que llegaron las elecciones municipales: el candidato electo, un independiente de la izquierda que había sido directivo de Mercator, prometió dirigir la ciudad como una empresa para que Ljubljana pudiera dar un salto adelante. Dado que el nuevo equipo municipal se propuso implementar nuevas políticas basadas en la iniciativa ciudadana, comenzaron las negociaciones con Rog para legalizar el uso temporal del espacio y para que un Nuevo Rog pudiera ser proyectado por parte de los usuarios y usuarias de la fábrica. Pero el ayuntamiento interrumpió el diálogo de forma abrupta y unilateral, para pasar a tratar como intrusos a quienes ocupaban Rog: la situación se convirtió así en un caso paradigmático de la degeneración del poder público. Un signo también de cómo la producción inmaterial se quiere organizar de modo autoritario: el alcalde ha venido aplicando a la administración municipal técnicas de dirección importadas de su experiencia en el sector empresarial.

 
Del uso temporal a la autonomía permanente

La experiencia de Rog muestra el estado de los conflictos biopolíticos en Ljubljana como una articulación local tanto de los procesos capitalistas de acumulación como de las alternativas a los mismos. La ocupación ha planteado cuestiones relativas a la posibilidad de democratizar los espacios públicos (reconstruyéndolos en tanto que espacios del común) y las instituciones de la producción cultural, artística y social, en una era en la que el reforzamiento recíproco entre los poderes públicos y los intereses privados corporativos se articula mediante una forma de mando autoritario que se denomina “sociedades público-privadas”. El alcalde de Ljubljana se desentendió de la iniciativa de una red de productores independientes, con su práctica de una democracia participativa biopolítica dirigida a producir el común, mientras pedía ayuda a inversores privados para luchar contra esta forma básica de participación: se planeó que una gran institución de arte contemporáneo habría de ser construida en la antigua fábrica, impulsada por una sociedad público-privada. Es importante remarcar cómo surge un nuevo escenario de lucha de clases cuando el trabajo inmaterial (cultural, artístico, afectivo...) busca ser embridado por el nuevo régimen de acumulación capitalista. Se hace necesario entonces afrontar qué relaciones surgen entre libertad, creatividad y disciplina, y entre eventualidad, singularidad y unilateralidad de la valorización capitalista; así como qué tipo de relaciones han de establecer las subjetividades que se constituyen en el trabajo inmaterial con las instituciones y poderes públicos, a la luz de las luchas por un dominio común y contra el unilateralismo del capital.

La indiferencia del poder municipal fue el motor de la expansión de la experiencia de autonomía de Rog más allá de los muros y límites del nuevo centro social. El ataque municipal a los usuarios y usuarias de Rog y a sus prácticas de organización y producción inmaterial libres ha situado a Rog en la línea del frente de las luchas contra la dominación y la explotación basadas en la expropiación del común y la privatización de las condiciones de producción social; razón por la cual el trabajo político de Rog ha alcanzado un increíble poder de comunicar conflictos sociales y de traducirlos en contextos diferentes. Los espacios que en Rog se comparten en encuentros, convergencias e hibridaciones de la multitud (trabajadores y trabajadoras migrantes, sin papeles, solicitantes de asilo, precarios y precarias, militantes...) han permitido articular todo el espectro de la dominación imperial en las ciudades posfordistas y posnacionales con el espectro común de las luchas y los contrapoderes.

Encuentro, convergencia e hibridación dotan de significado a las nuevas experiencias de autonomía y biosindicalismo. El Centro Social Rog constituye una experiencia nueva en comparación con los movimientos sociales de la generación previa en Ljubljana, puesto que el proyecto se basa en una crítica de la segmentación y la verticalidad de las relaciones entre sociedad civil y Estado, de las políticas de identidad y de los centros culturales independientes que tradicionalmente han protegido sus propias islas de diferencia. Los centros sociales habrían de ser un mecanismo de subjetivación alternativa en fase de expansión.

El Centro Social Rog tiene una posición clara en lo que respecta al debate sobre los espacios de subjetivación alternativa. Rechaza integrarse en la ciudad-empresa que quiere que la productividad cultural y social constituya un medio para producir subjetividades rentables. Rechaza también un estatuto de excepcionalidad del que hacen uso las políticas de la diferencia para legitimar la existencia de ciertos espacios alternativos como reservas de minorías en el seno de la sociedad. El Centro Social Rog está intentando iniciar un proceso de recomposición política en la ciudad que se baja en sacar a la luz y comunicar las luchas de trabajadores y trabajadoras cognitivas y precarias, migrantes, sin papeles, solicitantes de asilo... contra las instituciones y mecanismos de control.

La extrema precariedad del propio Rog, que lucha contra los intentos municipales de aplastarlo, ofrece la oportunidad de comprender qué condiciones son comunes a todas las instituciones precarias. Investigadores e investigadoras militantes autoorganizadas, solicitantes de asilo, sin papeles, trabajadores y trabajadoras migrantes... que inyectan vida al Centro Social, están experimentando nuevos modos de hacer política en las condiciones posfordistas y posnacionales. Desde el punto de vista de las prácticas de los nuevos centros sociales, estas condiciones se pueden describir así:

1. La deconstrucción y reconstitución del derecho al territorio. El Centro Social intenta ir más allá de la dicotomía moderna entre individualismo y comunitarismo. En Eslovenia, esta dicotomía ha sido decisiva para la constitución de dos bloques políticos. Mientras que la denominada izquierda siguió el camino del individualismo liberal, produciendo un discurso que aboga por los derechos humanos y de las minorías al tiempo que legitima la privatización y la acumulación neoliberal, el discurso de la derecha nacionalista y racista consiste en un comunitarismo etnonacionalista excluyente. El movimiento contra el gobierno y el control autoritarios de las migraciones, que se ha “territorializado” en el Centro Social, articula otro modo de reclamar el derecho al territorio: mediante el intento de construir una comunidad en la frontera (una frontera extrapolada en la metrópolis como frontera de lo político y de la constitución de la ciudadanía) bajo la forma de una lucha común contra la sociedad de control. La lucha contra la explotación es la lucha contra las fronteras como instituciones que restringen la movilidad y la multiplicidad de acuerdo con la naturaleza unilateralista del capitalismo.

2. La crisis de la política representativa. El león ha salido de su jaula y ahora vive en el centro social: la política representativa ya no puede seguir exigiendo la exclusiva representación y organización de los intereses. Los centros sociales habrían de constituir una intervención y una construcción contra las instituciones y los modos de gobernabilidad que atraviesan los órdenes políticos constitucionales. Las transformaciones que están teniendo lugar en las ciudades están poniendo del revés los parámetros de la política moderna. Nuestro reto es realizar prácticas de producción de una ciudadanía autovalorizada como alternativa a la ciudadanía formal. La crisis del sistema de representación nos brinda la oportunidad de inventar nuevas formas de lucha contra la constitución política del trabajo asalariado, que está siendo desplazado hacia formas extremas de precarización. Se están dando nuevas formas de biosindicalismo que parecen constituir los primeros indicios de qué ha de surgir del rechazo del paternalismo del “diálogo social” y del redescubrimiento del goce de la lucha de clases contra el trabajo y la reproducción social del capital. La crisis de la política representativa se refleja también en la crisis de la sociedad civil organizada en ONGs que defienden los derechos humanos de las minorías o en tanto que derechos de minorías. Los centros sociales habrían de ser laboratorios de ciudadanía global, espacios de convergencia, hibridación y empoderamiento; porque, en última instancia, lo importante es qué transformación de la subjetividad política tiene lugar en el centro social. La lucha por el control sobre las condiciones de la producción de la vida es tanto social como política. La teoría no es externa sino inherente a los movimientos sociales, en tanto que capacidad de conceptualizar y traducir por sí mismos la subjetividad radical y los nuevos objetivos que atacar: la teoría es un arma en manos del movimiento.

Para concluir: Rog no es un espacio utópico, sino un lugar de lucha en la ciudad que se sitúa en la línea del frente que dibujan las transformaciones que tienen lugar en la ciudad. Es difícil predecir cuándo acabará su historia. Comenzó accidentalmente, como el resultado de un maravilloso encuentro que consistió en el intento de intervenir y construir algo en la ciudad, en el momento en que se había alcanzado una primera fase de privatización y de cambio social, habiéndose promulgado ya la segunda: la transformación del sector público, con una nueva definición del trabajo inmaterial y de la flexibilización del trabajo que implica tanto la precarización del trabajo asalariado como nuevas formas de control sobre su movilidad.

Si la generación de la “cultura alternativa” que había existido en el centro de la ciudad desde la década de 1970 está en peligro de extinción, es porque se ha visto atrapada entre aceptar su integración o adoptar el rol de una reserva excepcional y limitada para la diferencia en la ciudad. En Rog nos hemos comprometido a seguir produciendo nuevas formas de subjetividad política capaces de subvertir las nuevas formas de gobernabilidad en la Ljubljana-empresa.