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Uso socialista de la encuesta obrera

Traducción de Marcelo Expósito, revisada por Joaquín Barriendos

Raniero Panzieri, 1965

Raniero Panzieri

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Joaquín Barriendos (translation)

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Marcelo Expósito (translation)

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Este texto es la transcripción del registro sobre cinta magnetofónica de la ponencia del compañero Panzieri en el curso del seminario que planteaba la cuestión de la encuesta obrera, celebrado en Turín los días 12, 13 y 14 de septiembre de 1964. Los temas que en esos días trató deberían haber sido desarrollados orgánicamente en un artículo más amplio, introductorio al Cuaderno, del cual, desgraciadamente, no se han encontrado más que unos apuntes insuficientes para integrar al texto que ya existía. Se ha decidido publicarlo por tanto en su forma de ponencia, lo cual nos parece que conserva, de todos modos, su eficacia, su fuerza, y revela la abundancia de temas y apuntes con los que enriqueció el seminario. De las discusiones y esfuerzos de aclaración que el compañero Panzieri estimuló también en esta ocasión, hemos intentado dar cuenta sobre todo en el artículo del compañero Mottura1 y en el trabajo de revisión y reelaboración del material del seminario, que se publica en este mismo Cuaderno.

En la lectura de este texto, de todas formas, debe tenerse en cuenta que no se trata de un informe introductorio, sino de una intervención al calor de la discusión, a la cual se buscará hacer referencia por tanto en el resto de este cuaderno y en los que seguirán, y sobre todo en los resultados que estos cuadernos, y la acción política de clase que en torno a ellos se desarrollará, darán en los años venideros.

Las pocas notas adjuntadas al texto no son arbitrarias, sino que tienen en cuenta las indicaciones o apuntes del propio compañero Panzieri.2


No he encontrado mejor modo de aportar alguna claridad sobre los „fines políticos de la encuesta“ que volver a algunas cuestiones del marxismo. Ello presenta el peligro de centrar la discusión sobre aspectos teóricos, así como el de que éstos no lleguen a ser afrontados del modo más provechoso. Me parece por tanto que esta situación debe ser evitada para dar a este seminario una dirección más bien práctica, es decir: definición del cuestionario, organización e inicio de la encuesta. La ventaja, por otra parte, quizá sea que ello facilita precisar un cierto método de trabajo de los Q. R. el cual, en ocasiones, suscita todavía perplejidad en algunos compañeros. Con ello quiero decir que tengo la impresión de que algunos tienen aún, hacia la sociología y hacia el uso de instrumentos sociológicos, desconfianzas injustificadas que me parecen motivadas esencialmente por residuos de una falsa conciencia, es decir, por residuos de una visión dogmática del marxismo. Es evidente que el uso de instrumentos sociológicos con fines políticos obreros no puede no reabrir esta discusión, desde el momento en que el fundamento científico de una acción revolucionaria se identifica históricamente con el marxismo.

Me gustaría hacer aquí una breve referencia filológica: el marxismo —el de la madurez de Marx— nace como sociología; El Capital, en cuanto crítica de la economía política, ¿qué es sino un bosquejo de una sociología? La base de la crítica de la economía política es la acusación ricamente —aunque no siempre suficiente ni persuasivamente— documentada del carácter unilateral de la economía política. Entendámonos, este tema se remonta al joven Marx y, desde este punto de vista, hay una continuidad entre el joven Marx y El Capital; la economía política pretende encerrar la realidad social dentro del esquema limitado de un particular modo de funcionamiento, y asume después este modo de funcionamiento como el mejor y el natural. Pero mientras que en los manuscritos económico-filosóficos y en toda la obra del Marx joven esta crítica de la economía política está ligada a una visión histórico-filosófica de la humanidad y de la historia a la que concierne principalmente el hombre alienado („el obrero sufre en su propia existencia, el capitalista sufre en la ganancia de su riqueza muerta“), el Marx de El Capital abandona este tema filosófico, metafísico, y esta crítica se dirige exclusivamente a una específica realidad que es la realidad capitalista, y no pretende ser la anticrítica universal respecto a la unilateralidad de la economía política burguesa.3

Yo creo que es fácil sostener que una visión de la sociología como ciencia política es un aspecto fundamental del marxismo; si se debe dar una definición general del marxismo diría que es ciertamente ésta: una sociología concebida como ciencia política, como ciencia de la revolución. A esta ciencia de la revolución se la ha liberado de todo significado místico y se la reconduce por tanto a la observación rigurosa, al análisis científico. (Esto es demostrable también para el Marx político, pero no voy a desarrollar este tema). Por otra parte, contemporáneamente a Marx y bajo la común denominación de marxismo, se desarrolla otra corriente que creo que está también en el origen de la desconfianza marxista moderna hacia la sociología en cuanto tal; esta corriente, lo sabemos muy bien, se puede remontar a ciertos escritos de Engels quien, al contrario de su pretensión de establecer un materialismo general y una dialéctica de validez universal, evidentemente crea un sistema que de cualquier manera parece poco fiel al pensamiento de Marx. La ciencia de la dialéctica, aplicable tanto a las ciencias físicas como a las ciencias sociales es, evidentemente, una negación de la sociología como ciencia específica, que, contradictoriamente, recrea frente a ésta una metafísica que es tanto la metafísica del movimiento obrero como la metafísica del renacuajo y la rana.4 En este punto, detrás del naturalismo de la tradición marxista-engelsiana, detrás del objetivismo naturalista, despunta una concepción mística de la clase obrera y de su misión histórica; en este punto se justifica perfectamente la desconfianza contra la sociología por principio. Si tuviéramos que aceptar el marxismo en esta versión, evidentemente sería imposible una ciencia de los hechos sociales.

Hay un rasgo específico de la sociología marxista —la cual nace de la crítica de la economía política— sobre el que me parece bastante oportuno insistir, y que traza una línea de oposición entre una sociología del movimiento obrero y una sociología que no tiene en cuenta este elemento (no la defino ahora como burguesa porque todavía no estaría justificado). La sociología de Marx, en tanto que nace de la crítica de la economía política, nace de una constatación y una observación de la sociedad capitalista, la cual es una sociedad fundamentalmente dicotómica, una sociedad en la que la representación unilateral de la ciencia que esa misma sociedad ha desarrollado, es decir, de la ciencia de la economía política, deja fuera la otra mitad de la realidad. El hecho de tratar la fuerza de trabajo solamente como elemento del capital, según Marx, provoca desde el inicio, desde el punto de vista teórico, una limitación y también una deformación interna al sistema que se construye. Para Marx, por lo tanto, el análisis sociológico socialista (entendido como ciencia política en tanto que observación que pretende superar esta unilateralidad y recoger la realidad en su integridad) se caracteriza por considerar las dos clases fundamentales que constituyen dicha realidad. Una vez más subrayo el carácter sociológico del pensamiento de Marx desde el punto de vista del rechazo a definir la clase trabajadora a partir del movimiento del capital, es decir, del punto de vista que afirma que no es posible ir automáticamente desde el movimiento del capital hasta el estudio de la clase obrera: la clase obrera, tanto si actúa como elemento conflictual (por tanto capitalista), como si actúa como elemento antagonista (por tanto anticapitalista), exige una observación científica absolutamente aparte.

Desde este punto de vista creo por lo tanto que la desaparición de la sociología en la tradición marxista es un indicativo de involución del propio pensamiento marxista.

Me detengo un momento en este punto.

La historia cultural de los últimos veinte años nos presenta un gran desarrollo de una sociología fuera del pensamiento marxista, fuera de la tradición e incluso del pensamiento marxiano. Hay que decir incluso que aquél que quizá puede considerarse como el personaje más importante de la historia de la sociología, Max Weber, ha tenido en cuenta de manera muy seria el pensamiento marxiano. Creo que ésta será una de las cuestiones a las que merecería la pena dedicar un estudio más profundo por parte de los Q. R. porque deberíamos conseguir individuarla bien en todas sus características.

Incluso la sociología burguesa se ha desarrollado, creo yo, hasta el punto de presentar características de análisis científico que sobrepasan al marxismo. En el lenguaje marxiano, se puede lanzar la hipótesis de que el capitalismo, habiendo perdido su pensamiento clásico en la economía política como lo ha hecho (véase: crisis de la economía moderna, crisis de la economía subjetiva, etcétera, así como algunos intentos más o menos incompletos de retomar el hilo de la tradición del pensamiento clásico en la economía), ha encontrado a la inversa su ciencia no vulgar en la sociología. Una hipótesis de este género permitiría incluso indagar las raíces objetivas de este acontecimiento, que puede que tenga una explicación muy vulgar en el hecho de que, mientras en un primer momento el capitalismo necesita sobre todo indagar en su propio mecanismo de funcionamiento, en un segundo momento, cuando está ya maduro, en vez de lo anterior necesita organizar el estudio del consenso, de las reacciones sociales que se implantan bajo este mecanismo. Esto evidentemente deviene tanto más urgente para el capitalismo cuanto más se desarrolla pasando a la fase superior, a la fase de planificación, cuando se libera de las relaciones de propiedad y fundamenta cada vez más su estabilidad y su poder en la creciente racionalidad de la acumulación.

Esto no significa de ningún modo, creo yo, que la sociología sea una ciencia burguesa, más bien, significa que podemos usar, tratar y criticar la sociología (como Marx hacía) con la economía política clásica, es decir, viéndola como una ciencia limitada (por lo demás, en el tipo de encuesta que estamos proyectando es evidente que en ella están ya todas las hipótesis que se sitúan fuera del marco de la sociología corriente); sin embargo, lo que esa ciencia ve en la complejidad es algo verdadero, es decir, no es en sí una falsificación, sino que se trata de algo más bien limitado que provoca deformaciones internas; y, sin embargo, esa ciencia conserva lo que Marx consideraba el carácter de una ciencia, esto es, una autonomía sostenida por un rigor coherente, científico, lógico.

Repito entonces que hay tener mucha desconfianza frente a la desconfianza hacia la sociología burguesa: me parece que la propia historia del marxismo demuestra cómo, al contrario, entrar seriamente en contacto con este avance del pensamiento es una condición para recuperar un pensamiento político revolucionario. Que esta vicisitud se ha visto después agravada por la política estaliniana es algo que no necesita demostración, porque es obvio que, frente a la gran mistificación soviética del pensamiento estaliniano, era una medida higiénica elemental crear una especie de cordón de seguridad alrededor de la sociología: esto era absolutamente indispensable. Se puede uno referir o no a los orígenes históricos de este hecho, pero en cualquier caso se trata de un hecho histórico evidente.

Hay que añadir además que el pensamiento marxiano como sociología era un tema caro a Lenin, quien de joven trató las obras de Marx como obras sociológicas: afirma explícitamente que las considera así, y yo creo que en esto como en otras cosas Lenin tenía perfectamente razón.5 Ahora querría, antes de hacer alusión a un aspecto de la sociología contemporánea que a mi entender hay que observar críticamente con mucho rigor, referirme a la relación que se puede establecer entre la utilización de la encuesta sociológica y el marxismo. Éste es un tema, creo, en el que en realidad hemos avanzado desde el nacimiento de los Q. R. sin haberlo desarrollado nunca hasta el fondo; lo hemos afirmado, pero después, en realidad, no lo hemos razonado con rigor.

Subrayo algo a lo que ya he aludido antes: que la dicotomía social frente a la que nos encontramos comporta un nivel de investigación científica muy alto, tanto en lo que respecta al capital, como en lo que respecta a ese elemento conflictual y potencialmente antagonista que es la clase obrera.

Yo diría que el método de encuesta desde este punto de vista es una referencia política permanente para nosotros, aparte de que se deba después explicar un hecho específico en esta o aquella encuesta; eso significa que tenemos que rechazar extraer del análisis del nivel del capital el análisis del nivel de la clase obrera. Significa, en sustancia, que queremos repetir la proposición de Lenin de que el movimiento político obrero es el encuentro del socialismo con el movimiento espontáneo de la clase trabajadora. Es decir, que dentro del movimiento espontáneo de la clase obrera —decía Lenin con una imagen bastante bella— si no se da el encuentro con el socialismo como un hecho voluntario, consciente y científico, lo que se da entonces es la ideología del adversario de clase. El método de la encuesta es por tanto el método que debe permitir escapar de cualquier forma de visión mística del movimiento obrero, que debe asegurar siempre una observación científica del grado de conocimiento que tiene la clase obrera, y debe ser por tanto también el camino por el que conducir este conocimiento a niveles más altos; desde este punto de vista hay una continuidad bien precisa entre el momento de la observación sociológica, conducida con criterios serios y rigurosos, y la acción política: la investigación sociológica es una especie de mediación, si se menosprecia se corre el riesgo de caer en una visión o pesimista u optimista, en cualquier caso absolutamente gratuita, de cuál es el grado de antagonismo y de conciencia de clase por parte de la clase trabajadora. Es claro que esta consideración tiene consecuencias sobre las finalidades políticas de la encuesta, es más, representa en sí la finalidad máxima de la propia encuesta.

Ahora quisiera tocar dos cuestiones: me parece necesario, a la hora de elegir los instrumentos de la sociología contemporánea, criticarlos, sobre todo en lo que respecta a todo eso que se llama microsociología, en la que los límites que se asumen a priori conducen probablemente a grandes deformaciones, en el sentido que no permiten ver conexiones que bien al contrario podrían extraerse si estos estudios fuesen situados en un ámbito más amplio; es decir, que con mucha frecuencia en este tipo de investigaciones, que son a veces antropológicas, se eligen a priori los temas aislándolos de un contexto más amplio, buscando no ver las correlaciones con tal contexto, y esto conduce a una verdadera deformación en la propia elección. Se eligen en realidad con mucha frecuencia aquellos temas que puedan entrar en el marco de una resolución de conflictos, así que las conexiones que, al contrario, puedan existir entre las relaciones sociales estudiadas y una perspectiva antagonista de derrocamiento del sistema, se descartan a priori.

Es evidente que el uso socialista de la sociología exige algunas reconsideraciones; exige que estos instrumentos se estudien a la luz de las hipótesis fundamentales que se asumen, y que se resumen en una: los conflictos se pueden transformar en antagonismos y por tanto no ser funcionales al sistema (teniendo en cuenta que los conflictos son funcionales al sistema, porque se trata de un sistema que avanza con los conflictos).

Me parece que en este marco adquiere una importancia fundamental lo que se decía esta mañana, esto es, que es necesario que uno de los aspectos de la encuesta sea la llamada „encuesta en caliente“, esto es, la encuesta hecha en una situación de notable movimiento conflictual, y en esta situación estudiar la relación entre conflicto y antagonismo, esto es, estudiar de qué manera cambia el sistema de valores que el obrero expresa en periodos normales, qué valores se sustituyen al conocer una alternativa, cuáles desaparecen en esos momentos, por qué hay valores que el obrero posee en periodos normales y no posee en periodos de conflicto de clase, y viceversa.

Es decir, estudiar en particular todos los fenómenos relacionados con la solidaridad obrera, y qué relación hay entre solidaridad obrera y rechazo del sistema capitalista: es decir, en qué medida los obreros son conscientes en ese momento de que su solidaridad puede ser portadora incluso de formas sociales antagonistas. Se trata sustancialmente de verificar en qué medida los obreros son conscientes de reivindicar frente a la sociedad desigual una sociedad de iguales, y cuán conscientes son de que esto puede asumir un valor general para la sociedad, en cuanto valor de igualdad frente a la desigualdad capitalista.

Al acentuar los aspectos de la encuesta „en caliente“ nos estamos refiriendo, evidentemente, a una asunción fundamental: que la sociedad antagonista es en sí una sociedad que no consigue nunca reducir a la homogeneidad por lo menos uno de los factores fundamentales que la constituyen, esto es, la clase trabajadora; resulta entonces necesario estudiar en qué medida es posible adivinar en concreto la dinámica mediante la cual la clase obrera tiende a pasar del conflicto al antagonismo, esto es, a convertir en explosiva esta dicotomía de la que vive la sociedad capitalista; por lo que la formulación, creo, del cuestionario que se ha de aplicar en estas situaciones, merece gran atención y debe estudiarse muy bien.

A esto querría añadir otra cosa particularmente importante, refiriéndome de nuevo a la discusión de esta mañana: la encuesta debe tener en cuenta —sobre la base de la transformación fundamental del capitalismo, esto es, sobre la base del pasaje del capitalismo a la planificación— los procesos de burocratización, en tanto se refieren a la realidad del pasaje del capitalismo a la planificación, y por tanto a la importancia decreciente de las relaciones de propiedad como base del capitalismo mientras que, en su lugar, crece la importancia de la racionalidad de la acumulación. Así, hemos de ver igualmente las transformaciones de la clase obrera: esencialmente a la luz de las nuevas relaciones que se establecen entre obreros y técnicos de la constitución de nuevas categorías, y a la luz de las transformaciones en la composición de la misma clase trabajadora.

Me parece que estos dos aspectos son los más importantes: de un lado la verificación de los dos niveles confrontados en situaciones de lucha, del otro, las tendencias que provoca en la conciencia de la clase obrera y de los técnicos la transformación de sus respectivos estatus.

Me parece que la encuesta debe tener presente un cierto cambio que se ha dado históricamente en las relaciones capitalistas, sobre el que, esquemáticamente, podemos decir: hay un vuelco de la relación entre riqueza y poder; mientras en el capitalismo clásico la riqueza es el fin y el poder un medio, esta relación en el curso del capitalismo tiende a someter la riqueza, es decir que la riqueza deviene un medio para acrecentar el poder.

Esto provoca, evidentemente, grandes cambios estructurales en todas las relaciones sociales.

Ahora bien, si ciertamente son éstos los dos aspectos principales, no se puede decir con propiedad que sean los dos objetivos de la encuesta; esquemáticamente, los objetivos de la encuesta se pueden resumir así: tenemos objetivos instrumentales evidentemente muy importantes representados por el hecho de que la encuesta es un método correcto, eficaz y políticamente fecundo para tomar contacto con los obreros singulares y los grupos de obreros; es éste un objetivo muy importante: no sólo no hay separación, divergencia ni contradicción entre la encuesta y el trabajo de construcción política, sino que además la encuesta aparece como un aspecto fundamental de este trabajo de construcción política. Además, el trabajo al que la encuesta se obliga, es un trabajo de discusión también teórica entre compañeros, con los obreros, etc., es un trabajo de formación política muy profunda y por tanto la encuesta es un instrumento óptimo para proceder a este trabajo político. Después hay otros objetivos políticos de la encuesta: me parece que es decisiva al fin de librarnos de las ambigüedades, incluso notables, que todavía existen en la formación teórica, es decir, en la teoría que van elaborando los Q. R. desde el momento en que (como muchos compañeros han aseverado) muchos elementos de este esbozo de teoría se recaban solamente por antítesis, es decir, que se recaban mediante la crítica a las posiciones oficiales, o provienen de los avances que ha habido en el pensamiento del movimiento obrero pero no se fundamentan positivamente, esto es, no se fundamentan empíricamente al nivel de clase. En ausencia de la posibilidad de una verificación política en sentido cabal que, mediante el rigor de la pesquisa, nos dotase de elementos macroscópicos, pruebas documentales incontrovertibles, el trabajo de pesquisa realizado de esta manera es en cierto sentido el más importante que podemos hacer, es el trabajo que asegura incluso el ligamen entre teoría y práctica que hoy parece que se nos escapa por razones objetivas.

Es ésta una finalidad permanente que debe perseguirse siempre, y que sustancialmente representa un aspecto fundamental de nuestro método de trabajo.

Otro objetivo importantísimo, en fin, es dotar a nuestro trabajo de una dimensión europea.

Contrastar mediante investigaciones las diversas situaciones europeas, nos debería dotar, no sólo a nosotros sino también a compañeros franceses y alemanes, de elementos importantes para definir la posibilidad y encontrar las bases de una unificación de las luchas obreras a nivel europeo.


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„Uso socialista dell'inchiesta operaia“, Quaderni rossi, nº 5, abril de 1965. Se trata del famoso monográfico de los Cuadernos Rojos: Intervento socialista nella lotta operaia, en cuya introducción Dario Lanzardo ofrece una larga recensión sobre el primer modelo de encuesta obrera propuesta por Marx: „Ningún gobierno... ha osado nunca emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa... intentaremos, con los pocos medios de los que dispongamos, iniciar una. Nuestra esperanza es que nos apoyen en esta tarea todos los trabajadores de la ciudad y del campo, quienes comprenden que sólo ellos pueden describir, con todo conocimiento de causa, los males que les golpean; que sólo ellos... pueden aplicar enérgicos remedios a la miseria social que sufren; contamos también con socialistas de todas las tendencias que, queriendo una reforma social, deben exigir un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que vive y trabaja la clase trabajadora... Estos Cuadernos de trabajo son la primera tarea que ha de imponerse la democracia socialista para preparar la renovación social“ (Marx en La Revue Socialiste, 20 de abril de 1880, traducido como anexo a Dario  Lanzardo, „Intervento socialista nella lotta operaia: l'inchiesta operaia di Marx“, Quaderni rossi, nº 5, op. cit., pág. 24. La encuesta original en francés redactada por Marx se encuentra en: <http://www.le-militant.org/praxis/enqueteouvriere.htm>). La introducción programática de Marx al extenso cuestionario de 101 preguntas explicita el deseo de producir conocimiento sobre la clase trabajadora (1) desde su interior, no ejerciendo una observación externa, (2) sistemático, empírico y no impresionista, y (3) políticamente implicado, propiamente militante, rechazando explícitamente cualquier pretensión de neutralidad. Estos planteamientos los hereda con todo rigor el monográfico de los Quaderni rossi elaborado a partir del seminario de Turín en 1964, como observamos en este texto de Raniero Panzieri, quien falleció poco tiempo después del seminario y antes de que el monográfico fuera publicado, y de ahí la referencia introductoria a „los apuntes insuficientes encontrados“ sobre el texto que quería desarrollar a partir de su ponencia. [NdT]

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1 Giovanni Mottura, „Note per un lavoro politico socialista“, Quaderni rossi, nº 5, op. cit., págs. 49-66 [NdT].

2 Las tres notas siguientes fueron por tanto introducidas en esta transcripción de la ponencia de Panzieri por la redacción de los Quaderni rossi [NdT].

3 Como se declara explícitamente en las páginas siguientes, esta interpretación de la posición científica de Marx contiene una referencia a la interpretación de Lenin, en particular en las obras ¿Quiénes son los 'amigos del pueblo' y cómo luchan contra los socialdemócratas? (1894) y ¿Qué hacer? (1902): cf. por este motivo también la nota 5.

4 Es correcto subrayar que la referencia a Engels tiene aquí la función de indicar esquemáticamente la posibilidad que se abre en el seno del marxismo de llegar a cristalizar en una „escolástica de la dialéctica“ (a cuyo ámbito pertenecen algunas obras del propio Engels), y no la función de ofrecer una valoración comprehensiva de la obra engelsiana. Basta pensar, en efecto, en el esfuerzo constante realizado por Panzieri para sacar a la luz „la otra cara“ de esta „metafísica“, bien representada en la traducción de La situación de la clase obrera en Inglaterra y las traducciones (inéditas) de muchos escritos juveniles de Engels, así como en la manera en que se retoman y se utilizan aclaraciones dadas por el propio Engels sobre el uso marxiano de la dialéctica: cf. por ejemplo la manera en que algunos pasajes del propio Anti-Dühring, que se considera con frecuencia un ejemplo típico de la metafísica dialéctica, son retomados por Lenin en ¿Quiénes son los 'amigos del pueblo' y cómo luchan contra los socialdemócratas?; cf. las cartas a Conrad Schmidt (27 de octubre de 1890), J. Bloch (21 de septiembre de 1890), Franz Mehring (4 de julio de 1893).

5 Aquí se precisa la referencia a Lenin ya mencionada al inicio [supra, nota 3]. Aparte de la explícita exigencia de releer algunas de las obras leninianas más significativas, lo que conduce (a nuestro modo de ver necesariamente, y con una extraordinaria fecundidad) a la impostación del discurso del compañero Panzieri, se ha de hacer notar que la problemática que se afronta en esta ponencia tiene algunas correspondencias, incluso metodológicas, con los escritos de Lenin. Dice Lenin, oponiendo a la crítica „sociológica“ de la obra marxiana, que „la reducción de las relaciones sociales a las relaciones de producción“ es „la hipótesis que creó por vez primera la posibilidad de una sociología científica“ (¿Quiénes son los 'amigos del pueblo' y cómo luchan contra los socialdemócratas?): „Esta idea del materialismo en sociología era ya de por sí una idea genial. Se entiende que por el momento se trataba todavía sólo de una hipótesis, pero una hipótesis que por primera vez creaba la posibilidad de una actitud rigurosamente científica hacia los problemas históricos y sociales“. Continúa después: „Hasta entonces era difícil para los sociólogos distinguir, en la red intrincada de los fenómenos sociales, los fenómenos importantes de los no importantes, y no sabían encontrar un criterio objetivo para tal diferenciación... El análisis de las relaciones sociales materiales ha ofrecido inmediatamente la posibilidad de adquirir la reiteración y la regularidad, y de generalizar los sistemas de países diferentes en un único concepto fundamental de formación social. Solamente esta generalización ha permitido pasar de la descripción de los fenómenos sociales al análisis rigurosamente científico de tales fenómenos, discriminando —para explicarlo con un ejemplo— aquello que distingue a un país capitalista de otro, y analizando aquello que es común a todos“ (ibid.).